miércoles, 17 de julio de 2013

In memoriam James Gandolfini: recio y sensible


Hay actores que nacen para un rol. Así ocurrió con James Gandolfini y Tony Soprano. Gandolfini se fue pero Soprano queda para siempre lo que contra fácticamente hace que Gandolfini permanezca vivo.
 
James Joseph Gandolfini hijo (1961-2013), falleció el 19 de Junio a los 51 años de edad. Su partida fue prematura, aun tenía mucho por vivir y actuar pero un ataque al corazón se lo impidió.


Por tal razón, le rendimos homenaje haciendo un balance de su actividad artística. En su faceta de actor tuvo dos vertientes: el cine y la televisión. En la primera, a pesar de trabajar en roles secundarios o de reparto la mayoría de veces, logró reconocimiento. Se convirtió en una presencia familiar de filmes sin llegar a ser estrella. Sin embargo, no significa que no fuese valorado pues hay muchos y grandiosos intérpretes bajo esa condición.
 
Participa en: True romance (1993); Máxima velocidad (1994); Marea roja (1995); Get shorty (1995); Perdita Durango (1997); Medianoche en el jardín del bien y del mal (1997); Caídos (1998); Una acción civil (1998); 8mm (1999); La Mexicana (2001); El hombre que nunca estuvo (2001); El último castillo (2001); Todos los hombres del rey (2006); Secuestro de Pelham 123 (2009); Mátalos suavemente (2012); La noche más oscura (2012).
 
Algunas populares y otras notables películas en las que recordará, seguramente, haberlo visto. En todas, algunas en roles muy pequeños, dejó su sello, se hizo notar. Talento tenía, quizá faltó un director que se la jugará por él para un protagónico.  
       
 

Paradójicamente, fue en televisión donde pudo consagrarse merced a su rol en la serie Los sopranos. Su papel de Tony Soprano lo hizo mundialmente conocido. En ella pudo demostrar su dote interpretativa obteniendo un Globo de Oro (2000) y tres premios Emmy (2000, 2001 y 2003) como mejor actor en serie dramática.
Era un actor sólido y natural, que supo sacar partido de su lado violento y también de su perfil afable, aspectos de su personalidad que trasladaba a sus personajes. Su rostro adusto y sus características ítalas hacía que le otorgaran roles de carácter que a menudo se combinaban con un lado tierno. No se sabe si así eran planteados en el guion o si acaso él le dio a sus criaturas ese perfil dual más humano. No es coincidencia que muchas de sus actuaciones presentaran esos rasgos; ocurre en Get shorty, Caídos, La Mexicana, El hombre que nunca estuvo, Todos los hombres del rey. “Duros” con sensibilidad.
  
 
No es casualidad que Tony Soprano tuviera también esa forma de ser: agresiva y afectiva. Fue Gandolfini quien dotó a sus personajes de contradicciones naturalmente humanas. Lo que dice mucho acerca de su talento y capacidad actoral. Pasar como hombre común acaso fuera su mayor virtud y quizá el motivo por el que fuera aceptado o rechazado como intérprete.

El hecho es que logró destacar. Y gracias a la televisión se convirtió en estrella. Mérito indudable de David Chase creador de Los soprano, elegida como mejor serie de todos los tiempos. Trabajó en ella de 1999 a 2007. Participó en 86 episodios y llegó a ganar un millón de dólares por capítulo.
 
Gandolfini nació en Westwood, Nueva Jersey; fue hijo de padre italiano y madre norteamericana criada en Italia, motivo por el que en su casa, en la que se hablaba italiano, tuvo una marcada influencia de esa cultura. Esto, sin duda fue clave para su futuro rol de Tony Soprano.
 
Se sintió como pez en el agua haciendo de capo de la mafia. Por fin podía tener un protagónico al cual sacarle partido. Encarnó un gánster humano, no una caricatura como la que se ve en algunas películas; hombre de familia con problemas normales en el seno de esta y también fuera (en su trabajo). Un mafioso que asiste al siquiatra y toma Prozac. 
 
Supo darle el toque que lo acompañó en los papeles secundarios que interpretó en el cine: duro con atisbos de bondad. Malo bueno a la manera de los roles que encarnó el gran Humphrey Bogart.  
 
Más allá de cifras millonarias y fama, lo importante es que pudo lucirse como actor. Para un intérprete trabajar es muy bueno pero obtener un personaje rico en matices es un premio. Él lo logró, a pesar que no fue fácil, y se convirtió en leyenda. Gracias, James Gandolfini.

miércoles, 10 de julio de 2013

Los juegos del destino (Silver linings playbook)

                                                                                                                                       
                                                                                                                                        

Para Juanito.    
       
Una obra que lo tiene todo. Retrato de la vida misma. Por eso está narrada con el uso de cámara en mano, que se mueve nerviosa registrando a manera de un reportaje o documental, géneros vinculados a la realidad.  

Los juegos del destino es uno de esos inspirados largometrajes que surge de tanto en tanto y parece producto de la casualidad (pero no lo es); película de mediano presupuesto que se convierte en éxito inmediato por una propuesta que exulta humanidad.  

Previo a la ceremonia de entrega del Óscar los comentaristas especializados advertían que se trataba de un fenómeno parecido al ocasionado hace algunos años por Pequeña miss sunshine (2006) y podía ofrecer más de una sorpresa. Fue nominada en 8 categorías incluyendo mejor película, director, actor y actriz.

Ha sido calificada de diversas maneras: comedia, tragicomedia, drama. Efectivamente, es todo eso en un solo paquete. Por tal razón aludíamos al principio su vínculo con la existencia humana; al comprender que la vida es una combinación de aquello.

El relato fílmico tiene la particularidad de presentar situaciones dramáticas que a la vez resultan cómicas. Ello, en virtud al humor negro que proviene de los diálogos y también de las situaciones. Atrapa al espectador porque este percibe la sinceridad de sus personajes. En especial de sus conflictuados protagonistas. Sus problemas, carencias y emociones se trasladan al público.

Toca un importante tema como es la falta de salud mental y sus implicaciones: sicológicas, personales, interpersonales, laborales, emocionales, familiares, etc. Lo fundamental para la historia es que no se presenta de forma melodramática y mucho menos en plan constructivo. La naturalidad con que se muestra cala con mayor efectividad y profundidad. Ese es precisamente el elemento primordial con la que está impregnada la obra: la naturalidad de la sencillez y espontaneidad.

La que se traduce en verosimilitud, ingenio, chispa; dínamo del que se acogen los actores y sus personajes, el guion y la fotografía, pues todo está dispuesto para que funcione en este eje. Los temas desde luego son trascendentes pero al mismo nivel que la narración.

Difícil hallar en un filme risas y lágrimas de la manera como Juegos del destino lo consigue. Estamos frente a un vendaval de emociones y pasiones. Adrenalina que se ofrece a través de imágenes, diálogos y acciones de ritmo vivaz.     

Otro contenido, quizá el medular, está en el romance. Muchos consideran que es comedia romántica. Para nosotros es drama romántico. Existe conjunción de amor y drama; dos corazones rotos que se encuentran; pero no se explora solo en este tópico, también se incluye la dura problemática de cada uno y su relación familiar y amical. Por ello resulta difícil categorizarla.

Efectivamente, familia y amistades forman parte importante en el filme. Por un lado se presentan los conflictos usuales y por otro los inconvenientes que acarrea convivir con una persona con problemas mentales. Como muestra están aquellas escenas que presentan situaciones límite que despiertan risas a pesar de ser dramáticas.

Como se ha escrito antes lo dramático que resulta gracioso es la característica central del relato fílmico y el sello que la hace diferente a otras propuestas. Mérito indudable de su realizador David O. Russell, respetado director de cine independiente quien demuestra su ingenio y valía, y que con Juegos del destino ha logrado mayor reconocimiento.

Lo mismo ocurre con un excelente reparto que encabezan los notables Bradley Cooper y Jennifer Lawrence. Maravilloso dúo que será recordado por su formidable participación. Cabe resaltar que Lawrence obtuvo el Óscar a la mejor actriz. Por su parte, Cooper no logró triunfar pero estuvo en una difícil terna que tuvo como favorito a Daniel Day Lewis. Sin embargo, ningún premio puede opacar su excelente actuación.

Juegos del destino está llena de momentos memorables. Los encuentros entre Tiffany y Pat (Lawrence y Cooper), trotando; la primera “cita” que culmina en desastre; la discusión familiar en la que Tiffany aclara al padre de Pat (De Niro); y el baile final entre ambos (Tiffany y Pat).

Es una película rica en matices dramáticos. Aparecen discusiones y argumentaciones; amor y desamor; enfermedad y cura; risas y llantos; incomprensión y comprensión; realidad y destino. También plantea el lado bueno de las cosas; el director se da maña para mostrar lo positivo dentro de lo negativo, como aquél refrán popular que reza: no hay mal que por bien no venga. Después de todo, las historias de superación personal no son ajenas a la existencia.    

Maravillosa joyita del sétimo arte, no hay duda que Russell deja para la posteridad esta pequeña gran obra que, estoy seguro, se convertirá en clásico.

          

miércoles, 3 de abril de 2013

Django sin cadenas (Django unchained, EUA, 2012)


 Para Rodrigo
 
Tarantino sigue fiel a su estilo, y logra otro estupendo filme. Es bueno que se tome su tiempo para realizar una obra, porque cada vez que lo hace regresa recargado.

Él es un cineasta cinéfilo, y una de sus características es rendirle tributo a películas, directores o actores que lo hayan impresionado y admira. Se le acusa de “robar” ideas de otras obras pero no es así, las toma prestadas y las transforma a su modo. Es un creador que gusta de “homenajear”. Aunque lo niega tajantemente, dice que funciona dentro de géneros y subgéneros, los que estudia antes de rodar un filme. 

Esta vez le toca el turno a Django, western de antología dirigido por Sergio Corbucci (1966), perteneciente a la época de los spaghetti western realizados en Italia y España las décadas del 60 y 70. Claro, el realizador le ha hecho cambios, lo que la vuelve más cruenta, humana y política.

Por ejemplo: se sitúa en EUA, en el periodo de esclavitud, y Django es un esclavo liberado que se transforma en caza recompensas. Por supuesto, estas modificaciones le dan mayor dramatismo al conjunto, con lo cual trasciende las barreras del género, convirtiéndose en temática universal.

Se puede decir que Django sin cadenas es un aporte al género y una contribución al cine. Es clásico instantáneo que perdurará en el tiempo, pues Tarantino ha sido fiel al subgénero con el cual posee cosas en común; la violencia y lo sangriento no son nuevos en él. Estamos seguros que escogió el tema y el subgénero por sus preferencias cinematográficas y estilo; y está como pez en el agua.

Hay que destacar, sobremanera, un excelente guion original (escrito por Tarantino) en el que sobresale la trama, rica en contenido, pero también en diálogos, en los que abunda la sátira y humor negro. Se sabe que es característica del director amalgamar la historia con “sabrosos” diálogos.

Sin buenos intérpretes esta historia no se consolidaría, y vaya que resalta el elenco. Hay enormes actuaciones comenzando con los magníficos Jamie Foxx y Christoph Waltz, en roles que les calzan a la medida. Leonardo Di Caprio está ¡fabuloso! e ¡impresionante! Samuel Jackson, ¡perfecto! Los cuatro están en un nivel superlativo.  

Por otro lado, se destaca el uso del lenguaje cinematográfico. Tanto en la utilización de planos y acercamientos a la manera del subgénero como las tomas desde arriba (picados) que por momentos nos remiten a Martin Scorsese. También aquellas escenas de disparos asumidas como espectaculares coreografías.  Además, hay espacio para mostrar una bella fotografía paisajística  como es común en el género (western). Claro que no aparece de forma gratuita sino como referente de localización.
 

 

Sin embargo, es una obra que no destaca solo por la violencia como podría pensarse, sino que tiene un sentido, un fondo, sin tornarse por ello en panfleto. Es decir, la violencia no es mero ejercicio del género, también proviene del lado de la esclavitud. Se combina el western europeo (spaghetti) con el norteamericano, logrando un equilibrio entre ambos.  De paso, Tarantino reinventa el western norteamericano (el tema tratado no se ha dado antes, pero es incorporado a la manera de una película de vaqueros). En eso radica la importancia del largometraje.

Es innegablemente político porque a la vez que impera la aventura, también es suerte de denuncia del racismo, la esclavitud y el abuso en Norteamérica (y también en el mundo). En ese sentido es un tema que atañe a toda la humanidad y que sin querer quizá, lleva a la reflexión. El western escapa de su lado de entretenimiento y acción para volverse algo más.

El hilo conductor de la trama es la venganza, la revancha de un esclavo (Foxx) en aquellos que les causaron daño a su esposa (Kerry Washington) y a él. Con furia y poder Tarantino inscribe su nombre con mayúsculas en el western y el western se lo agradece. A riesgo de exagerar pienso que desde Los imperdonables no se veía un filme tan logrado y personal como este.

La música es otro de los apartados sobresalientes. Contribuye con creces en la atmósfera de la historia al más puro estilo de los westerns en referencia. No extraña dado que se sabe de la forma como el realizador emprende sus proyectos (la banda sonora es una de las prioridades).
 

Finalmente, en Django sin cadenas como antes con Bastardos sin gloria se rescriben hechos de la historia merced a valientes que logran poner en su sitio a los megalómanos y prepotentes de siempre. ¿Idealismo del director? Es posible, después de todo la vida puede ser mejor en la ficción.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Gigantes de acero (Real steel, EUA, 2011)


Hay obras cinematográficas que se realizan para emocionar al público. Gigantes de acero es prueba de ello. Enaltece el espíritu y pone el ánimo al tope.

Desde el inicio se intuye que es diferente. Es un largometraje de ciencia ficción medio atípico. En el género, usualmente, abundan los elementos tecnológicos. En este caso, la referencia principal está en los robots; el resto, salvo computadoras y celulares, permanece igual, lo que le otorga un halo más humano. Empero, no es casual que sea un lugar donde sus pobladores utilicen  tecnología para sus fines sin ser “esclavos” de ella. Con ello se refuerza la propuesta del filme.

Es un relato en el que tácitamente se compara lo humano con lo no humano; además de lo moderno (vigente) con lo antiguo (caduco). Adicionalmente, pero no menos importante, es el vínculo adulto niño.

Precisamente, en la relación entre padre e hijo está la base de la propuesta fílmica. Es de aquellas en las que el lazo familiar, al principio tirante, se va haciendo más estrecho con el paso del tiempo. Acierta el director Shawn Levy en su proposición de combinar lo familiar con lo deportivo. Le saca provecho al máximo y logra un resultado espectacular.

En un mundo en el que el boxeo entre hombres ha perdido su esencia, se impone lo tradicional. Alguien puede opinar que la obra se regocija en buenos actos y tiene un guion predecible. Puede ser. Sin embargo, no le quita que es clave la exaltación de lo humano. Esa es la idea del realizador; quien sabe de sobra lo que plantea. No obstante, las situaciones tampoco son tan evidentes.
 
 
El largometraje une varios temas: amistad, amor, lucha, derrota, perseverancia, éxito, etc. También posee elementos de ciencia ficción, drama e historia de boxeo. Por razones obvias, tiene parentesco con Rocky y El campeón.

Otro tema a resaltar es la bellísima música del genial Danny Elfman, colaborador habitual de Tim Burton. Le pone la cuota de ambiente rural y sus composiciones participan activamente de las situaciones, enriqueciéndolas.

Encanta también la química entre Hugh Jackman, Dakota Goyo y Evangeline Lilly. Jackman ¡está magnífico!, se adueña del personaje y lo hace verosímil. El joven Goyo, destaca y demuestra que es actor idóneo a pesar de su edad; sobresale por mérito propio. La bella y talentosa Lilly, a pesar de sus breves apariciones, tiene un magnetismo especial que no pasa desapercibido; además es muy natural. De a pocos va ganando espacio en la pantalla grande.

Gigante de acero es un filme de ciencia ficción que rinde tributo al hombre; trasciende porque es muy emocionante sin dejar de ser espectáculo. Es digamos, la combinación perfecta, el punto de equilibrio entre tecnología y humanidad, un ejemplo utilizado como subtexto en el argumento pero también a través de la obra en sí misma, sin excesos de ningún tipo.     


miércoles, 27 de febrero de 2013

Río Místico (Mystic River, EUA, 2003)


Indudablemente, Clint Eastwood logra otra magistral obra. Recordemos, por ejemplo, notables filmes como: El jinete pálido (1985), western de excelente factura; Bird (1988), brillante biopic del saxofonista Charlie Parker; Cazador blanco, corazón negro (1990), estremecedor y efectivo relato a medio camino entre la cacería y la realización cinematográfica; la mítica Los imperdonables (1992); y la romántica Los puentes de Madison (1995).

Río Místico mantiene el estilo de su director: conciso y concentrado pero profundo y efectivo. Abarca varios géneros: drama, policial y suspenso. Todo está en su lugar: acertadas actuaciones, encomiable fotografía, sólida trama, inspirada producción, etc.

Uno de los méritos es que la historia se aparta de lo moralizante. No se juzga ni mucho menos se interpone en la narración. Permite que los hechos se desarrollen de la forma más natural posible. La ficción termina superando la realidad; Eastwood logra lo que pocos son capaces de hacer; liberarse, olvidar que está realizando cine y deja que todo fluya con sus propios cánones y lógica particular.

Es quizá, junto a Los imperdonables, la película más “dura” de su autor. Dramática pero sin exacerbarse en la violencia y crueldad; como un bisturí, corta suave pero con dolorosa profundidad.

Los personajes están definidos con buena dosis de carga sicológica. No son títeres que repiten diálogos, son seres con defectos y virtudes. Con conflictos internos y externos.

La metáfora que se sustrae de la obra es lo terrible y complicada que puede ser la vida. Un hecho fatal está a la “vuelta”, transformándolo todo para siempre. Es el azar al que estamos sujetos, el destino al acecho dificultando la existencia.

Es un drama policial en el que se enfatizan los sentimientos: sufrimiento, dolor, venganza, etc. Más que la captura del asesino importan las reacciones, situaciones, comportamientos e interrelaciones humanas. Esa es la riqueza del filme.

No obstante, no se deja de lado el descubrimiento del culpable; la duda está siempre presente. Las pesquisas parecen guiar hacia un culpable pero el misterio se mantiene hasta el final, con lo cual el suspenso se convierte en  factor clave.


Los acontecimientos involucran a tres amigos de infancia. Sean Divine (Bacon), investigador del caso; Dave Boyle (Robbins), quien vive deprimido y atormentado por su pasado; Jimmy Markum (Penn), debe lidiar con el asesinato de su hija.


Con sabiduría Eastwood va conjugando pasado y presente. Se fusionan imágenes que ayudan a entender los hechos. El contrapunto final, que ofrece acciones paralelas y muestra la resolución de la trama, es espectacular. Aparecen en toda su dimensión los ingredientes esenciales: drama y suspenso.


Por otro lado, subyace una sugestiva idea en referencia a la mujer. Es ella el soporte fundamental de la familia y de su pareja.


Brillan los tres protagonistas. El duelo es parejo, aunque Sean Penn, quien asoma escalones arriba, está excelente;  muestra su reconocido y genial talento actoral. Por cierto, luce maduro y cuajado. Destaca también el sombrío y verosímil personaje que ofrece Tim Robbins. De Kevin Bacon se puede comentar que demuestra que es magnífico intérprete cuando se lo propone (y con la dirección adecuada). También es meritorio el sobresaliente reparto integrado por los valiosos y muy efectivos Laurence Fishburne, Laura Linney y Marcia Gay Harden.


No se trata de una película agradable. Se impone la tristeza, la angustia, la tortura existencial, el rencor, los celos, la desconfianza; sin embargo, hay espacio para un lugar en el que renace la esperanza. Río Místico es una película compleja, implacable y poderosa.
 

jueves, 7 de febrero de 2013

Crónica de cinéfilo


Estoy admirado de la cantidad de gente que todavía alquila películas en Lima. Si me hubieran contado no lo habría creído, pero lo veo a diario, ya que trabajo en Drugstore Dvd, último reducto legal de este tipo en la ciudad. Es sorprendente, considerando la competencia desleal (los piratas) y la leal (los sistemas por cable y demás).

Cuando vi la cantidad de personas que alquila quedé admirado. Cuando me pregunto las razones por las que lo hacen pienso en una legión de hinchas de todo tipo con gran amor a las obras cinematográficas.

El negocio existe y subsiste por ellos, aunque suene cliché; Drugstore se creó para ofrecer entretenimiento al público, y sin él no seguiría funcionando. En ese sentido, la fidelidad del mismo es clave. Ellos prefieren originales y respetan lo que implica.

¿Por qué alquilan? Una de las razones es que pueden ver la obra cuando lo dispongan, es decir, no están sujetos al capricho del azar. Segunda, al no concluir de ver una película en cable; tercera, búsqueda personal de años;  cuarta, para recordar; quinta, recomendación y comentario de alguien; sexta, simple placer; sétima, fanatismo o cinefilia.

El caso es que hay cientos que alquilan. Amantes impenitentes, como yo, del sétimo arte. Pienso en una cofradía de hermanos cinéfilos que acuden al templo, felices; que celebran en cada alquiler una joya del cine y/o simple diversión. Grupo de culto del cine de todas las edades, razas, credos y clases sociales con un único y sano propósito: ver ficción audiovisual y dejar que afloren los sentimientos.
 
Gracias a su fundadora y miembros principales: Gina, Mario y Serapio, quienes apostaron por una empresa que cuenta con 25 años difundiendo arte, cultura y esparcimiento (todo un logro); cuyo mayor premio y reconocimiento está presente en la sonrisa y agradecimiento tácito de sus numerosos amigos y afiliados.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Actores al servicio de Bond


En la última entrega planteamos que cada actor le había aportado algunas características al personaje. En tal sentido, es pertinente recordar quienes le dieron vida a Bond. Algunos hablan de 6 actores, cuando en realidad son 7.

Probablemente, Barry Nelson no sea conocido. Es probable que no figure en las listas de actores Bond y a algunos les parezca un advenedizo. Pero no es justo si se considera que fue el primer 007.  Quizá el único norteamericano que lo interprete. Nelson apareció en 1954 en una serie televisiva cuyo episodio se tituló: Casino Royale.

En contraparte del primero de la lista, Sean Connery es el más respetado y querido actor Bond, encarnación real del personaje literario imaginado por Fleming. El Bond por antonomasia. Es el favorito y proclamado como el mejor. Nadie ha podido superarlo, opinan los conocedores. Participó en 7 películas. Por si fuera poco fue el intérprete de la primera en la pantalla grande: Dr. No (1962).

Otro nombre poco recordado es el de George Lazenby, australiano que logró un jugoso contrato para actuar en 7 películas. Sin embargo, su única película no obtuvo el reconocimiento necesario y fue dado de baja. No obstante, la obra que protagonizó: Al servicio secreto de su Majestad (1969), es recordada por ser la única en la que Bond contrajo matrimonio.

Roger Moore fue un respetable y digno Bond; estuvo en 7 producciones, muchas de ellas de gran éxito. Se dice que su rol televisivo como El Santo lo catapultó a ser elegido en reemplazo de Connery. Actuó en las hoy clásicas: El hombre del revólver de oro (1974), La espía que me amó (1977), y Solo para tus ojos (1981).              

No tuvo el éxito esperado. Timothy Dalton llegó para cubrir el espacio que Pierce Brosnan no pudo tomar. Pero, al margen, no tuvo el carisma necesario para conectarse con el público. Empero toda la responsabilidad no fue de Dalton, los argumentos tampoco resultaron atractivos. Hizo 2 películas: Su nombre es peligro (1987) y Con licencia para matar (1989).
  
Pierce Brosnan fue el responsable de devolverle a Bond el éxito y brillo perdido. Sus filmes superaron las taquillas de sus predecesores en un momento en el que la franquicia desfallecía. En parte por la ausencia de un 007 ideal, el final de la Guerra Fría y argumentos mediocres. Interpretó al mítico personaje en 4 espectaculares entregas: Goldeneye (1995), El mañana nunca muere (1997), El mundo no basta (1999) y Otro día para morir (2002).   

Cuando Brosnan anunció su retiro, no pocos pensaron que era el final del agente secreto en la pantalla grande pero fue un error suponerlo, Daniel Craig, resistido al principio, resultó un buen sucesor que ha impuesto sus características actorales y físicas. Lleva 3 largometrajes como el espía seductor: Casino Royale (2006), Quantum of solace (2008) y la más reciente entrega Skyfall (2012).

De lo escrito líneas arriba se puede concluir que Sean Connery fue el responsable de definir los patrones principales del personaje: varonil, atlético, elegante, seductor con las mujeres, con una envidiable seguridad en sí mismo y sentido del humor.

Sin embargo, otros actores le otorgaron su sello. Por ejemplo, Roger Moore mantuvo esas características pero le adicionó mayor humor. Las películas que el encarnó tienen mayor dosis de sátira que las anteriores, además de mayores elementos fantásticos, algunos casi inverosímiles; espectacularidad y efectos especiales.  

Al parecer, la caída del muro de Berlín, el final de la Guerra Fría, hicieron que los argumentos decayeran; esto, sumado a la falta de carisma de Timothy Dalton hizo languidecer la propuesta Bond. Otro yerro estuvo en la pretensión de retorno a las fuentes, es decir, aproximarse al espíritu de las primeras obras, sin tomar en cuenta que la época cambió.   

Cuando aparece Pierce Brosnan, se renuevan los argumentos y se retorna a la espectacularidad de los efectos especiales. Se puede decir que Brosnan tuvo éxito en parte por las razones esgrimidas pero también por su personalidad. El, sin querer compararlo, es una inteligente combinación entre Connery y Moore, tiene presencia y elegancia pero también chispa y simpatía. Es el equilibrio perfecto.

Daniel Craig, el reciente Bond, aunque ha anunciado su retiro de la saga, es lo que se llama: un duro. Posee todas las características del 007 pero sobresale por su potencia física. Está más cerca del estilo Connery. No pretende ser agradable, es serio y determinado. Hombre de pocas palabras y de acción. Es diferente a sus antecesores, pero da la talla. Ha logrado imponer su Bond y eso lo hace exitoso. Por otro lado, es un actor que sin necesidad de ser camaleónico, alterna  sin ningún problema y con igual efectividad al espía con otros roles. Craig es inteligente y no permite que lo encasillen.
   
¿Quién será el próximo Bond? Nadie lo sabe. Lo único factible es que el agente 007 continúe participando en la saga más longeva y exitosa del mundo. La propia historia garantiza que ningún actor es imprescindible. Hace rato que el personaje con licencia para matar derrotó a todo: su autor, el tiempo, la Guerra Fría y, algunos actores.