lunes, 20 de septiembre de 2010

Mi villano favorito (Despicable me, EE.UU., 2010)

Es interesante resaltar que la animación se ha transformado en fecundo género cinematográfico capaz de concebir todo tipo de historias. Esa diversidad no conoce de límites. ¿Será por eso que se ha tornado en género recurrente que no tiene pierde? Si. Emociona por igual a pequeños y grandes.

Mi villano favorito es un ejemplo. Está bien lograda. Se relata a través del subgénero de espionaje. En ese sentido, se utiliza con eficacia el suspenso que le es característico en una animada guerra de inventores desafiándose mediante divertidos duelos extremos. En efecto, esta obra se concentra tanto en la rivalidad de dos malvados inventores y sus maniobras de espionaje y sabotaje.

Sus directores le han impuesto un estilo particular. No sólo en el dibujo sino a la atmósfera que rodea la historia. Una concisión expresiva propia del cine europeo o asiático, por citar algunos casos. En ciertos pasajes las imágenes no requieren de diálogos de los personajes, “hablan” por si mismas.

Al suspenso manifiesto contribuye la magnífica musicalización, elemento clave que seduce e integra al espectador a la historia, envolviéndolo para no dejarlo escapar. No se debe soslayar el humor, utilizado sutilmente pero con efectividad. Hay momentos memorables. El respetable la pasa bien: se sorprende, ríe, intriga, enternece y goza.

Hay que enfatizar en las dosis intensas de ternura. Tres adorables niñas huérfanas (Margo, Edith y Agnes) en busca de alguien que las adopte, ostentan los poderes necesarios para “hechizar” con cariño y amor al malvado (aunque no tanto) inventor. Cautiva especialmente Agnes, la pequeña terrible que interroga con su “sonido irritante”.

Existe un paralelo entre la relación del inventor y las traviesas niñas y el público y las mismas. Uno termina conquistado con sus acciones, tiernos gestos, voces y rasgos físicos. Salvo que se tenga una piedra de corazón.

“Desfilan”, envueltos en diversas y emocionantes acciones, excéntricos y curiosos pero estimables personajes. Sus conductas actuales tienen explicación en el pasado. La obra explora de paso cómo influyen las experiencias de la niñez en la adultez. Adicionalmente están los estadíos de la soledad y falta de afecto. El ser humano requiere de compañía y amor. En esencia, es un filme de entretenimiento pero del cual se sustraen estos conceptos. Tema aparte son los miniones: Tim, Bob, Mark, Phil, Stuart, Dave, y Jerry the minion. Esta suerte de chizitos andantes brillan con luz propia. Y divierten con sus movimientos y murmullos.

Ser un niño feliz es una de las premisas. También está lo inverso: quién puede oponerse a la felicidad que procuran los niños. “Te cambian la vida” dice todo padre o madre que se precie. Son grata compañía y colman de desbordante alegría. Todo ello y más es Mi villano favorito. Compruébelo.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Invictus (EE.UU., 2008)




Puede parecer la clásica película épica de deporte (trama de éxito) en la que los vencedores sortean obstáculos para llegar a la victoria. Pero no. Ese apenas es el cascarón. El trasfondo es mayor. Está basada en la época en que Nelson Mandela fue nombrado presidente de Sudáfrica.

Invictus, obra de gran relieve humano, es un tributo a la emblemática figura del premio Nóbel de la Paz, pero básicamente a la lucha por la libertad (de credo, pensamiento, obra, etc.). En esa ruta están el valor y el coraje como aliados incondicionales para emprender una tarea de tal magnitud.

Cómo no celebrar un largometraje que resalta un valor estrechamente ligado al hombre y su esencia. Máxime a un símbolo como Mandela que dio los primeros pasos para una sociedad sudafricana más justa y equitativa. No sin poca oposición, por cierto.

El largometraje presenta también, la intolerancia y el racismo, sin exageraciones ni melodrama. Eastwood no es el tipo de realizador que gusta de lecciones y moralejas. No obstante, en una historia de este perfil argumental es difícil que no se “filtren” temas edificantes.

Del mismo modo como Mandela planificó su estrategia a través del mundial de rugby para unir Sudáfrica, Eastwood se apoya en el tema deportivo para mostrar la problemática racial sin caer en el discurso pacifista.

Ciertamente, es una historia basada en hechos reales. En este sentido, el director ha recreado acertadamente los acontecimientos en un emocionante relato contado con serenidad, vigor y sensibilidad; elementos característicos de su propuesta cinematográfica.

Morgan Freeman, magnífico intérprete, es uno de los factores de éxito del filme. Encarna con mucha credibilidad al líder africano. No sorprende su solvencia dado su talento y experiencia. Sin exagerar, uno olvida que se trata del actor y parece que observara al mismísimo Mandela. Representado al detalle: en la pausa de sus acciones y gestos; en la cadencia, tono y acento de su voz. Un genio. De hecho será recordado por esta participación. Una de las mejores e importantes obras con la que corona su trayectoria.

Es innegable que la cuota de emoción deviene de los partidos de rugby, deporte rudo y viril, pero noble a la vez. Las cámaras, que privilegian primeros planos y vivaces movimientos transmiten toda la adrenalina del juego, y contagian de alegría al espectador, que vive intensamente el triunfo como propio.

No se equivocó el astuto y sabio Mandela al pensar que el deporte podía integrar un país. Un seleccionado de rugby pudo más que la política: paralizó y unió Sudáfrica.

Invictus es una obra que exalta la pasión: la pasión de un hombre por unir a su país, la pasión por la vida, los ideales y el deporte.

No es raro que un apasionado del cine como Clint Eastwood haya rodado esta obra. Con más de 80 años a cuestas pareciera que tiene cuerda para rato. Recordemos algunas de sus últimas producciones: Golpes del destino (2004); La conquista del honor (2006); Cartas desde Iwo Jima (2006); El sustituto (2008) y Gran Torino (2008). Todas de gran calidad.