jueves, 24 de julio de 2014

Darkman, el hombre sin rostro (Darkman, EUA, 1990)

Darkman, cuyo argumento surgió de la historieta del mismo nombre, no es como podría asumirse, pura pirotecnia. Sam Reimi, el director, combina con mano firme el suspenso, la fantasía, los efectos visuales, el drama, el romance, la acción trepidante, y los amalgama en una obra con pasajes notables.


A pesar de la estructura clásica y su orientación comercial, puede dar una idea engañosa de ser un clásico filme de entretenimiento de Hollywood. Si bien es cierto, es la primera incursión de Raimi en el sistema establecido, las diferencias de estilo y tratamiento, son evidentes. Es un buen ejemplo de cine de entretenimiento combinado con el de autor, el mismo que encaja con el estilo del realizador. El es un autor en todo el sentido de la palabra.

El hilo conductor de la trama es la venganza. Su personaje principal es un científico (Peyton Westlake), que investiga un método de reconstrucción de piel. El es atacado y desfigurado por sus agresores, lo que da pie al desarrollo del conflicto. En ese sentido, surgen los temas de la identidad y la duplicidad, los que se exponen con sorpresa y eficacia. También se plantea la idea del fenómeno, el monstruo, la anormalidad, el rechazo y la exclusión social por estas causas. Es un filme con innegables implicancias sicológicas.
 
Uno de los valores indudables del largometraje, es que Reimi logra mucho con pocos recursos, dado su ingenio y creatividad. Es una excelente muestra de su capacidad y maestría. Con sus condimentos usuales de humor, sátira, acción, suspenso y fantasía, como se ha escrito, logra encandilar al espectador.

Westlake lucha por volver a su estado original, pero como se deduce, encuentra dificultades en el camino. Su vida cambia para siempre al despojársele de su rostro (esencia del ser), pero más que el cambio exterior interesa el cambio interior. Lucha contra sus rivales pero también con sí mismo. Por si fuera poco, la situación le genera mucho dolor e inconvenientes con el amor de su vida.

Estos tópicos son parte fundamental del argumento en el que también sobresale el personaje, un fantasma en el que anidan el dolor, el rencor, el odio y la revancha. Todo esto, en medio de un eficaz ritmo y atmósfera. Persecuciones, malentendidos, confusiones, intrigas, disparos y bombas hacen más interesante la propuesta. Es notable el vigor narrativo y expresivo, la dirección artística y actoral, inherentes al realizador. Ello se traduce en secuencias y escenas espectaculares en las que se destacan, fundidos encadenados y planos detalle.

Parece que Reimi jugara con sus juguetes en todo el proceso fílmico; su cine combina lo naif y lo infantil. Le encantan también, los efectos visuales y el maquillaje. Agregado a esto, nada mejor que la música de Danny Elfman, colaborador habitual de Tim Burton, casualmente, otro creador de magia cinematográfica.  
Darkman cuenta con un muy eficaz y destacado reparto que reúne a Liam Neeson, Frances Mc Dormand, Robert G.  Durant y Colin Friels.    

En síntesis, un largometraje que hechiza con sus vibrantes escenas, las que impulsan muchas emociones. Ciertamente, un excelente ejercicio de autor de su realizador.
El hombre sin rostro debe ocultarse bajo una máscara hasta descubrir la fórmula que lo devuelva a la normalidad. Mientras tanto, adapta otras personalidades, representa a otros, en busca de la identidad que quizá, ha perdido para siempre.